A finales de la pasada temporada, Xavi Hernández fue ratificado para finalmente ser despedido, en un capítulo más de “La casa de los líos” en la que se había convertido el club azulgrana. Sin embargo, y pese a los vaivenes, la decisión final de Laporta parecía la más acertada con la salida de Xavi y la llegada de Hansi Flick.
Y es que si el entrenador, la persona a la que el grupo debe seguir, no logra gestionar emocionalmente la presión a la que está sometido, el jugador percibe esa debilidad y aunque no lo haga de manera premeditada, deja de seguir al entrenador. Y es que nos empeñamos en racionalizar todo pero la vida y el fútbol se explica desde lo que no vemos… pero está pasando. Los pensamientos, las emociones… que generan unas energías que a favor o en contra de los individuos y/o del grupo, cuando hablamos de un equipo.
Es por eso que un líder debe preocuparse primeramente de sí mismo. Suena egoísta, pero es la mejor manera de ser generoso con los demás. Y es que el liderazgo sólo es posible desde la conexión emocional. Sí tú estás bien, si tienes algo que dar, lo puedes dar. Si no estás bien, no puedes darlo, y en todo caso lo que das puede ser negativo. Para liderar debes tener un conjunto de capacidades y habilidades que se ven mermadas cuando vives bajo una presión como la que se fue generando en el Barça con Xavi, algo en lo que él también tuvo que ver llenándose de excusas para no reconocer simple y llanamente que el equipo no estaba bien.
Ahora la realidad es que el equipo ha dado un gran cambio y parece evidente que en gran parte es gracias a Flick. Y es que el entrenador es una figura clave en cualquier equipo y muchas veces más por la parte emocional que por la táctica. Pep Guardiola lo ha dicho alguna vez: el mayor reto de ser entrenador es gestionar personas. Y qué razón tiene. Porque ya nos cuesta gestionarnos a veces a nosotros mismos, como para saber gestionar a los demás. Y ese el gran reto de un buen líder.
Y es que cuando se consigue un clima bueno potencia al entrenador, pero cuando es malo… todo lo contrario. Ha pasado en el Barcelona y ha sido el ejemplo claro que la principal fuerza de un equipo es su cohesión y que la energía sea positiva. Es ese el único camino para que luego lo físico, táctico o técnico añada un grado más de nivel al colectivo, pero siempre desde una base emocional sólida. Sin eso, jugadores como Koundé, Pedri o Lewandowski llegaron a parecer juveniles (y de los malos) a principios de año… cuando ahora todo el mundo les alaba. Y es que el fútbol es un estado de ánimo que decía aquel… y el entrenador tiene el gran reto de que el de cada jugador y el del grupo en su conjunto, sea el óptimo para competir.